La privacidad en las redes sociales empieza en el usuario

A veces da la impresión de que si no compartes información en Internet, cualquiera que sea el medio (correo, redes, aplicaciones…) pasas a formar parte ese grupo de personas que vive aislada de los cambios tecnológicos.

Abrimos perfiles por estar donde están nuestros amigos, por probar una nueva red social de la que nos han hablado, porque es novedad o porque sí, sin más. La mayoría de estas cuentas las abandonamos a las pocas semanas, dejando ahí una parte de nosotros, un residuo de nuestros datos e información personal.

Descargamos una aplicación y nos vemos obligados, casi siempre, a darle acceso a nuestra agenda de teléfonos si queremos encontrar a otros amigos en la misma aplicación. Con este simple clic, pasamos a convertir toda la información de nuestra agenda telefónica en información personal vulnerable.

Hay un libro muy interesante que recomiendo, Numerati de Stephen Baker, que habla de personas que se dedican a vigilar precisamente nuestro rastro digital“Son ingenieros, matemáticos e informáticos, que criban la información que producimos en casi todas las situaciones de la vida”, escribe Stephen Baker en un artículo de 2009 en referencia a este fenómeno.

Os aseguro que cuando leí este libro me cuestioné toda mi existencia digital. Pero la realidad es que vivimos la época que vivimos y creo que es posible tener una identidad digital y aprovechar sus ventajas. Es irremediable «ir soltando» cierta información en la red, pero lo importante es saber lo que compartimos, ser conscientes de que realmente no nos importa compartir lo que estamos publicando y asumir que somos nosotros mismos los que estamos sacando esta información de nuestro control.

Sin embargo, no hay que llegar al extremo de pensar que no eres nadie si no tienes una presencia digital, nadie está obligado a tenerla. Soy de la opinión de que las nuevas tecnologías tienen más ventajas que inconvenientes si se utilizan de forma adecuada, por eso hay conocer los inconvenientes y aprovechar las ventajas de crear tu identidad digital en redes de amigos pero, sobre todo, en redes de grupos de interés.

Es cierto que hoy día, especialmente las redes enfocadas a perfiles profesionales, suponen una ventaja si buscas empleo o necesitas «dejarte ver». Lo que hay que tener claro es por qué queremos estar y hasta dónde queremos mostrar.

Hay que tener muy en cuenta que toda red social en la que nos damos de alta tiene unas políticas de privacidad que aceptamos sin cuestionarnos (quien se las lea que levante la mano, por favor). Continuamente entramos en un sitio web y nos saltan mensajes de que “haciendo clic aceptamos X condiciones”, y hacemos ese clic, sin más. Son contratos de adhesión unilaterales que tomamos o dejamos (y normalmente tomamos).

Leemos continuamente que Facebook (por coger la red social de referencia como ejemplo) ha cambiado su política de privacidad (por enésima vez). Yo no voy a cambiar mi forma de actuación por el hecho de que Facebook cambie sus políticas. Cuando entré ahí asumí que no era gratuito y, precisamente por eso, debemos siempre mostrar aquello que no nos comprometa, que no nos suponga un problema que sea público y que incluso pueda pasar a dominio de un tercero sin causar daño a nuestra identidad digital (y tampoco pensemos que agentes del FBI se toman su café mientras revisan nuestro Facebook). La importancia de estas precauciones no son más que porque aunque puedas eliminar tu cuenta, esta nunca estará del todo borrada. Si entras aquí, asume las consecuencias.

Limitaciones sobre la eliminación de tu cuenta en Facebook. Incluso después de eliminar información de tu perfil o eliminar tu cuenta, pueden permanecer copias de dicha información visible en otro lugar en la medida en que se haya compartido con otros, se haya distribuido de otro modo conforme a tu configuración de privacidad, o haya sido copiada o almacenada por otros usuarios.

Otro polémico cambio de política de privacidad fue de Instagram que provocó un revuelo en Twitter en solo 24 horas. Esta aplicación pasaba supuestamente a poder utilizar tus fotos con fines comerciales. La comunidad se rebeló e Instagram tuvo que rectificar diciendo que “no habíamos entendido bien” el lenguaje jurídico.

Por el tipo de fotos que ahí comparto, la verdad es que me da un poco igual que Instagram cambiara esas políticas, salvo por el hecho en sí de sacar dinero a mi costa, pero cuando nos hemos dedicado a mostrar nuestra intimidad creyendo como ilusos que era y sería por siempre jamás solo para ‘amigos’, entiendo que salten las alarmas.

Mark Zuckerberg afirmó: “la era de al privacidad ha acabado”, y es cierto, Facebook tiene el poder de continuar haciendo ahora mismo lo que quiera con nuestros datos y dudo que la red pierda a sus usuarios por este motivo, cuando hemos sido nosotros mismos quienes no le hemos dado el valor suficiente a nuestra privacidad desde un principio. Pero, aunque la privacidad en su expresión tradicional se haya acabado, creo que ésta también pasa por uno mismo, por nuestras propias medidas de precaución y por pensar antes de publicar lo que estamos haciendo.

Acciones como revisar la configuración de la privacidad de las redes en las que estamos, para cerrarlas lo máximo posible; no publicar fotografías excesivamente personales (teniendo en cuenta la subjetividad de esto); cuidar la manifestación de ideologías extremistas (a no ser que no te importe, pero asume las consecuencias si buscas trabajo, por ejemplo); no etiquetar sin permiso a otros; no completar datos en exceso (por ejemplo, estado civil, teléfono o identificar a todos tus parientes asociándote a ellos como tal); no revelar datos de residencia o bancarios por estos canales; y, por supuesto y por encima de todo, ser consecuente con la publicación de imágenes de menores. Personalmente es algo que no hago bajo ningún concepto por mucho que me encantara mostrar a mis pequeños de alrededor.

Para que sepamos un poco más de qué hablamos cuando nos referimos a compartir datos personales en Internet, la Agencia Española de Protección de Datos da una serie de recomendaciones y factores a tener en cuenta para movernos por diferentes servicios en los que tenemos nuestra información personal y nos enseña a comprender el tipo de datos que, voluntaria o involuntariamente, dejamos por la red.

Imagen: privacyworld.com

Artículo original publicado en el blog Formando Ideas de BBVA Consultoría.

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