Motivación en el trabajo: responsabilidad de empresa… y empleado

Según la RAE, motivación es “el ensayo mental preparatorio de una acción para animar o animarse a ejecutarlas con interés y diligencia”.

Si lo trasladamos al ámbito laboral, podemos entenderla como el estado mental o la fuerza que impulsa al individuo a realizar y ejecutar con una determinada actitud (positiva) una actividad en una situación concreta que satisface tanto al individuo como a la organización.

En este contexto, las empresas tratan de crear un entorno adecuado y motivar a sus empleados (planes de formación, incentivos económicos o sociales…) para que inviertan esfuerzo e interés en sus tareas. Pero una parte importante reside también en el interés del propio individuo por estar motivado.

En las teorías de la motivación hay dos niveles de necesidades a cubrir: un nivel primario, que cubre las necesidades elementales; y un nivel secundario, que engloba reconocimiento, afecto, prestigio… Si se logra que el trabajador encuentre una satisfacción propia de sus necesidades en su trabajo, su implicación será mayor y, en consecuencia, también su motivación para trabajar.

Fuente: Wikipedia

Podemos distinguir factores motivadores externos, que puede proporcionar la propia empresa; e internos, que responden en gran medida de la actitud del individuo respecto al trabajo y sus objetivos profesionales.

3 factores de motivación externos

Dinero. Siempre es uno de los principales motivadores, no obstante, no actúa igual conforme el trabajador va mejorando su situación económica. La motivación será diferente en un trabajador que necesita dinero para sobrevivir y para otro que tiene sus necesidades cubiertas.

Reconocimiento. Es una fuente de motivación por sí misma, pero un continuo reconocimiento puede provocar la reacción contraria y perder su efecto motivador. Un adecuado uso de este factor implica el reconocimiento proporcional a la tarea realizada.

Factores higiénicos. Entendidos como elementos directos del día a día en el entorno laboral, desde las relaciones con iguales y superiores, seguridad, recibir formación o la propia adecuación del espacio de trabajo.

3 factores de motivación internos

Objetivos. Cada individuo tiene unos objetivos profesionales diferentes y las propias metas actúan como motivadoras. Ser consciente de qué queremos conseguir, por ejemplo anotando periodicamente nuestros objetivos deseados y nuestros hitos, nos ayudará a tener presente que nuestro día a día se dirige a alguna meta.

Interés en las tareas. Aunque depende del tipo de trabajo, por lo general el trabajador prefiere trabajos que le permitan aportar su conocimiento, desarrollar sus habilidades, aplicar cierta libertad e identificar retroalimentación de la eficiencia de sus tareas. En definitiva, consiste en hacer de tus tareas diarias una fuente de enriquecimiento personal.

Aprovechar las oportunidades. Trabajar en mantener una actitud positiva hacia el trabajo ayudará a mantener la mente abierta y clara para descubrir nuevas iniciativas y oportunidades que poner en práctica dentro de tu organización.

Ante la motivación cada individuo responderá de una manera, pero al final todos buscamos ciertas motivaciones comunes como las que hemos repasado. En estos tiempos complicados de crisis muchos factores de motivación se homogeneizan y se vuelve hacia los más elementales: estabilidad laboral y seguridad económica. ¿Te has planteado cuáles son tus motivadores en el trabajo?

Imagen: timsackett.com

Artículo original publicado en el blog Formando Ideas de BBVA Consultoría.

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