El valor del feedbak… para bien y para mal

Al ser humano le gusta que le digan “qué bien lo haces”. Somos así. Unos por refuerzo y ganar seguridad; otros por alimentar el ego y la confianza que ya tienen. Sea como sea, a nadie le molesta escuchar “qué bien lo has hecho”.

Hay una herramienta que desde el momento en que nos la presentaron en la empesa me encantó, por ser un producto muy bien pensado y ejecutado: Paconica (made in Andalucía, por cierto). Es una plataforma que permite potenciar la cultura corporativa favoreciendo las interacciones entre empleados. Un sistema de reconocimientos, medallas y recompensas que da visibilidad a muchas relaciones que se dan entre empleados y que, de otra forma, pasan desapercibidas en el día a día. Una herramienta muy útil para conocer mejor la compañía, las relaciones que genera y que facilita la toma de decisiones en pro de los valores corporativos.

Todo esto está basado en valorar lo positivo, en reconocer una ayuda en un momento concreto, la eficiente resolución a un problema, mil motivos positivos que se pueden dar. Pero, ¿qué pasa con lo negativo? (crítica constructiva o positiva, como quieras llamarla).

Personalmente, creo que es de la que más se aprende, la que te anima a corregir, modificar, superar… y, sin embargo, da la sensación de que todo tiene que ser políticamente correcto y positivo a nuestro alrededor o, de lo contrario, generará un empleado infeliz, poco comprometido o no fidelizado.

Ni tanto ni tan poco. Hay que reforzar aquellas cosas buenas y que el empleado o compañero sepa que lo vemos, que lo apreciamos; pero esto no debería excluir lo negativo y reducirlo a esas reuniones-anuales-cara-a-cara en la que repasamos objetivos.

El hecho de que esa crítica constructiva o positiva sea tan delicada, ya que puede provocar reacciones inesperadas, adversas y desproporcionadas, precisamente debería ser el motivo por el que trabajaramos más sobre ella. Deberíamos enseñar a cómo transmitirla, cómo recibirla y familiarizarnos con ella al igual que lo hacemos con los halagos. Al mundo positivo es fácil acostumbrarse y cada vez se hace más complicado aceptar lo que no hacemos tan bien.

La crítica constructiva o positiva no debería tener el estigma de “malo”. Desde pequeños, y con más motivos en entornos laborales adultos, tanto el feedback positivo como la crítica constructiva o positiva deberían tener la misma cabida; quizás tratada de una forma menos “pública”, pero dándole la misma importancia a los canales que ponemos a disposición en la empresa para que se produzcan. Lo más sano quizás sería fomenar una cultura en la que tanto la una como la otra tengan cabida y un mensaje de fondo de que ambas están ahí para ayudarte a ser mejor.

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