La Rioja de los vinos en 3 días

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Cuando pensamos en paisajes idílicos asociados al vino es probable que lo primero que se nos venga a la cabeza es La Toscana italiana, pero en España también tenemos paisajes muy parecidos de los que disfrutar, aunque siempre pecamos de valorarlos menos porque le falta el toque exótico de estar-en-el-extranjero.

Recorrer en coche la Rioja Alta y Rioja Alavesa es un continuo entrar y salir, casi sin darte cuenta, de las comunidades de La Rioja y País Vasco, un verdadero ejemplo de que las fronteras naturales no entienden de fronteras hechas por el hombre. Este viaje puede convertirse en un placer similar al italiano si se selecciona bien lo que hacer y se recorre a través de carreteras nacionales. Todo más lento y menos cómodo, quizás, pero más coherente con la cultura del vino que requiere paciencia y reposo para crear un buen tinto.

Su situación está entre el Valle del Ebro y el Sistema Ibérico, siendo atravesada por siete ríos que desembocan en el Ebro. La extensión de La Rioja es de poco más de 5.000 km2 que se expande en horizontal lindando con País Vasco, Navarra, Aragón y Castilla León. Montañas y valles que permiten a esa zona tener clima muy particular que no entiende de fronteras trazadas sobre el papel.

Cosas a tener en cuenta...
  • Elige qué tipo de bodegas te interesan porque si quieres una experiencia más completa, leerás en este artículo que te recomiendo buscar estilos diferentes y no repetir lo mismo en bodegas similares… salvo que tu objetivo sea simplemente cuantas más, mejor.
  • Alójate en un lugar equidistante así las rutas en coche serán cómodas entre 20-40 minutos.
  • Si te gusta la fotografía ten en cuenta que las bodegas están oscuras, así que elige un objetivo luminoso.

Empecemos la ruta

Cuando planificas un viaje de bodegas te planteas varios enfoques: ¿Bodegas comerciales o tradicionales? ¿Ciudad o entorno rural? ¿Llevar las visitas planificadas o improvisar en cada pueblo? Disfrutar de lo que ofrece La Rioja es posible en tres días de viaje, pero para ello es necesario un poco de planificación y tener las ideas claras, para no dar vueltas sin sentido. Aquí va una ruta por si te da ideas para disfrutar esta escapada de Madrid a La Rioja en tres días (y dos noches).

Día 1

De Madrid a Logroño nos separan 325km, unas 3 horas y media. En lugar de hacerlo del tirón te propongo tomarlo con calma y conocer lo que te ofrece el camino, porque merece la pena empezar al viaje antes de llegar al destino. Elegimos hacer la ruta pasando por Soria y, a hora y media de ruta (155km) encontramos una primera parada: Medinaceli. Uno de los reconocidos “pueblos bonitos de España” que encuentras en la cima de un monte, por lo que tiene unas vistas en su perímetro muy interesantes. El pueblo “actual” se ha desplazado hacia la zona más baja del monte, más accesible para estar comunicado, pero conserva en la cima las casas de piedra, la plaza mayor, algunos bares y restaurantes y un arco romano que suele visitarse a la entrada. Muy bien conservado, rincones bonitos y buenas vistas. Merece la pena dejar el coche en la entrada y dedicar media hora a recorrerlo caminando.

Puedes descansar y contemplar un rato el mundo desde arriba.
Todo el pueblo en general se conserva muy bien, no hay nada que desentone, es como viajar en el tiempo.

Tras respirar un poco, continuaremos la ruta unos 75km más hasta Soria con la idea de llegar a medio día, pasear un rato por el centro y disfrutar de sus pinchos. Hay un par de zonas con bares, la Plaza Mayor y la Plaza Ramón Benito Aceña, muchas opciones estupendas para tomar una caña. Aunque, como también es fácil equivocarse, una recomendación es El Fogón del Salvador, que tiene buenos pinchos en barra (también en mesa).

De Soria a Logroño nos separan 100km, así que a media tarde es posible llegar a nuestro destino, tiempo suficiente para pasear por sus calles, conocer el centro de la ciudad y, como no, tapear por la noche en la calle Laurel, mítico lugar de pinchos en la ciudad. Si buscas algo de tranquilidad, este no es tu lugar, suele estar lleno (despedidas de soltero/a incluidas). Para ser sincera, a mi es una zona que me decepcionó un poco por la saturación de gente y la restauración. Hay lugares mejores alrededor, por ejemplo, sin irnos muy lejos de la zona, La Tavina al inicio de la calle o Tivoli, también antes de entrar en la calle Laurel.

Día 2

Después de conocer Logroño y hacer la primera noche, porque ya que se visita la zona merece la pena visitar la ciudad, nos movemos a un entorno más rural. Como recomendación, coger alojamiento en algún pequeño pueblo que permita trayectos no muy largos entre los puntos a visitar, aunque se corre el riesgo de elegir uno que no tenga mucha vida nocturna, pero eso es ya elección de cada uno.

Ahora sí toca empezar con los vinos. Aprovechando la mañana y el buen tiempo (cruza los dedos para que haga buen tiempo), visitaremos una bodega estilo chateau situada en Lapuebla de Labarca (Ávila) a unos 20km de Logroño: Jilabá. Harás una visita con los propietarios de la propia bodega, de varias generaciones de historia, y podrás hacer una cata estupenda para conocer sus vinos y su aceite, que también tienen un producción estupenda. Seguro que no te resistes a llevarte algunas botellas porque no se venden en las tiendas habituales.

Es un lugar totalmente diferente a otros que verás: una entrada presidida por la vivienda que luce blanca entre el color tierra y verde del campo, muchísimas flores que le da color, y un espacio de viñedos (parte de su coseña total que tienen repartidas en distintas zonas) que tiene cepas de ¡más de 130 años!

La bodega chateau Jilabá (Lapueta de Labarca) tiene una villa de estilo afrancesado.
Parte de sus viñedos están junto a la casa principal.

Estando por la zona y ya a medio día, podemos aprovechar para visitar la emblemática bodega Marqués de Riscal pero, en este caso, no os voy a recomendar la visita guiada porque, aunque ver el entorno sí es obligado, pudiendo visitar otras bodegas de este estilo con similar forma de producir, no veo indispensable hacer este tour. No digo que si te apetece y te hace ilusión extrema, no esté bien organizado y no merezca la pena, pero, como he dicho, esta propuesta de ruta es para que puedas ver diferentes estilos de bodegas. Aquí va mi consejo: observa el edificio a lo lejos, desde la carretera ya impresiona, y cómo se integra con el entorno a través del color; recorre un poco los alrededores y verás algunos los viñedos, y ve a la cafetería del hotel para disfruta de un picoteo y un vino, si hace buen tiempo, en la terraza. Te saldrá un poco caro si te descuidas pidiendo, pero será una experiencia distina a las demás bodegas.

Impresiona ver como emerge el edificio entre el pueblo y los árboles mientras te acercas desde la carretera.

A solo 7km nos vamos hasta el pueblo de LaGuardia. Precioso pueblo medieval muy bien conservado (otro de los “pueblos bonitos de España”). Podemos callejearlo andando (los coches no pueden pasar) y luego recorrer el Paseo del Collado para llegar al mirador que te permite ver la Sierra de Cantabria y el valle que se extiende hasta el Ebro. Unas vistas inmensas.

Recorrer todo el pueblo tiene la recompensa final de las vistas desde mirador (Laguardia)

Aquí también haremos una parada en una bodega mítica: El Fabulista. La recomendación de esta bodega es, principalmente, su enclave, y cuando te lo expliquen entenderás por qué no hay bodegas iguales en el pueblo. Al final del viaje serás consciente de lo diferente que es respecto a una bodega comercial, porque han conseguido conservar el modo tradicional de fabricación y conservación que ya no se aplica en cualquier vino que compramos en nuestra tienda habitual. Y la verdad es que tiene mérito el mantener algo así porque, como descubrirás en la visita, tienen muchas dificultades para poder comercializar sus vinos. Puedes comprar allí mismo la entrada aunque te recomiendo consultar horarios.

Día 3

Por la mañana podemos hacer una visita un poco diferente y “excepcional” a la temática del vino porque merece la pena: el Valle Salado, junto a la localidad de Añana. Es un entorno cultural que te sorprenderá. Es propiedad de una fundación que busca recuperar el valle y mantener las técnicas tradicionales de fabricación de sal. Imprescindible hacer la visita guiada para entender todo aquello que tienes delante y, sin duda, admirable el trabajo de la gente de la zona para recuperar esa parte de la cultura milenaria. Aunque se puede comprar allí el ticket, mejor llevar tu visita programada.

Panorámica del Valle Salado (Añana) y es impresionante recorrer sus pasajes “salados”.

Comentar que junto a la entrada del Valle Salado se puede comprar la de la bodega Marqués de Riscal, y viceversa (puede comprarse online) pero, en este caso, no os lo voy a recomendar por lo que he comentado antes, aunque la visita a Marqués de Riscal es obligada, descartaría la visita guiada.

Para terminar, visita Haro, que está a una media hora, y su zona de bodegas. Aunque antes de meterte en bodegas, puedes hacer una parada y comer en el mesón Terete. En cuanto a las bodegas, tendrás mucho donde elegir: Roda, Lopez Heredia, La Rioja Alta, Muga, Martinez Lacuesta… yo te recomiendo visitar la bodega Ramón Bilbao. Además de que el interior de la bodega es muy bonito, sencillo y bastante elegante en cuanto a diseño, tuvimos la suerte de que nuestra guía fuera estupenda explicando todo, así que el recuerdo es inmejorable. Te hará más fan aún si cabe de sus vinos. Quizás como decepción, no verás viñedos porque no los tienen allí; pero, a cambio, tendrás doble cata, una bastante especial en mitad del recorrido (no comento más detalles para que sea sorpresa) y una cata final de la que aprenderás bastante porque está muy bien montada. Acabarás la visita con una sesión de relidad virtual que, como mínimo, te resultará curiosa. Aunque si conoces un poco ese mundo VR se queda flojita 🙂 pero se agradece el intento de añadir valor a través de la tecnología.

Pasillos y pasillos de barricas en el tinerior de la bodega Ramón Bilbao (Haro)
Aquí guardan botellas de diferentes años.

Desde aquí, nos separan tres horas y media de Madrid, así que es momento de coger ruta. Si quieres hacer una parada para que el trayecto se haga más corto, esta vez te recomiendo ir esta vez por Burgos y tomar un café en el Landa, un clásico. Y de ahí, poco más de dos horas hasta Madrid.

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Quizás ya te has dado cuenta, pero el motivo de planificar esta ruta así y compartirla es que puedas conocer tres tipos de bodegas bastante diferentes, porque muchas veces te planteas visitar todas las que te suenan y acabas sitiendo que es todo muy repetitivo. De hecho, originariamente cometimos un poco ese error, de ahí compartir este artículo con ese aprendizaje. Por un lado, las bodegas que podemos llamar más “comerciales”, las que conservan el modelo más tradicional y una bodega familiar.

Si has hecho una ruta similar y quieres dejar recomendaciones a otros viajeros, usa los comentarios 👇 Y si te animas a seguir un poco las recomendaciones de este artículo, ya me cuentas qué tal 😉

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